Sudestada

Inés Ulanovsky

Relato de LAS FOTOS 

 

Un trofeo de pesca, un suéter estilo Bariloche, un banquito y un vaso verde son los únicos objetos que Maia Gattás Vargas heredó de su padre. El vaso verde se lo dio su tía abuela, que murió a los noventa años. Él había vivido unos meses en su casa y ella afirmaba que ese había sido su vaso. La veracidad de esa información está en duda porque su tía abuela también veía duendes por todos lados. El suéter estilo Bariloche se lo dio su otra tía. Cuando Maia empezó a usarlo, su mamá le dijo que no recordaba haberlo visto antes. La abuela le dio un banquito de madera que según ella había construido su padre. Maia lo pintó para usarlo como mesa de luz. Al verlo terminado su mamá le dijo que “de ese banquito –ella– no tenía ni idea”.

Con el trofeo de pesca nunca hubo dudas. No tiene una chapita con el nombre grabado del ganador de la competencia pero esa estatuilla de bronce y mármol con la figura de un pez arqueado mirando hacia arriba era propiedad de Luis Andrés Gattás, su papá. También está la foto. El día que su mamá se la mostró por primera vez, le dijo que había sido especial para ella, tanto que la había mantenido guardada adentro de una biblia durante más de veinticinco años. La había sacado un amigo a orillas del Río de la Plata el 22 de septiembre de 1979. Al papá de Maia le encantaba pescar y ese era su lugar preferido en el mundo. Apenas la revelaron la hicieron bendecir por un cura. La foto se convirtió en un fetiche, en una especie de talismán, de estampita. En el reverso, habían escrito con birome azul: “Dios es amor y, el que ama permanece en el amor y Dios en él”. La tinta se fue borrando y aunque ahora solo se ve el surco de esas palabras marcadas en el papel, todavía es posible leerlas. En la foto están los padres de Maia abrazados y sonrientes con el Río de la Plata iluminado por el sol como único fondo. Algunos veleritos blancos parecen recortados sobre el horizonte, que es marrón pero también azul o posiblemente gris. En julio de 1986 nació Maia y dos meses después su papá salió a pescar con su amigo Alejandro. Fueron al río por la zona de Olivos en un Peugeot Azul. Tenían puestos pulóveres de lana gruesos y llevaban el equipo de pesca en un kayak. Unos prefectos que recorrían la zona los vieron entrando al río y fueron a advertirles que venía una sudestada. Un sitio especializado en fenómenos meteorológicos dice que “el primer indicio del comienzo de una sudestada lo da un descenso continuo de los valores de presión mientras el viento rota al sur y luego al sudeste. El cielo comienza a cubrirse con nubes medias y bajas. Cuando la presión disminuye, el viento aumenta en intensidad y comienzan a producirse lluvias continuas. La alineación del río con el viento también da lugar a fuertes oleajes que hacen peligrosa la navegación”. Volvieron al auto y se los vio alejarse. Al día siguiente empezó la búsqueda. La Prefectura, la Policía, los buzos salvamentistas, la familia, los amigos y los helicópteros. Todo el mundo los buscaba. La mamá de Maia estaba convencida de que a su marido lo había rescatado un barco pesquero japonés y que pronto recibiría una llamada de él desde algún país asiático. Con la idea de direccionar la búsqueda, contrataron a Federico Rosales, un parapsicólogo que les dijo que Luis iba a aparecer cerca de un águila. En esas horas también circuló la versión de que en realidad habían sido secuestrados y estaban en una casa en el Tigre. Sus amigos se organizaron y fueron a recorrer la zona en varios autos, con la ilusión de que eso fuera cierto. Después de cinco días de intensa búsqueda, la Prefectura recibió una llamada. El 24 de septiembre apareció un cuerpo en el río. Lo encontraron a varios kilómetros de la entrada por la que se supone que él y Alejandro habían ingresado. Luis Andrés Gattás –el papá de Maia– apareció flotando justo en el lugar de la foto feliz, a unos doscientos metros de un parador llamado “El águila”, que todavía existe. Ahora se llama “Águila club” y su web lo define como “un lugar diferente, con un estilo diferente”. Junto con el cuerpo, la prefectura le entregó a su familia una bolsa con sus objetos personales: el reloj de Luis, que no era sumergible pero que seguía funcionando, y un llavero de bronce con forma de ancla.

Maia es alegre. Nunca le tuvo miedo al agua, ni a la muerte, ni a las tragedias, pero el día que cumplió veintisiete años la invadió una tristeza rara, desconocida. No entendía por qué hasta que se dio cuenta. Ya era más grande que su papá, que al momento de morir tenía apenas veintiséis. En ese tiempo estaba obsesionada por entender qué lo había llevado a entrar al río a bordo de un kayak, sin salvavidas y con un aviso de sudestada. Cada vez que había una, se acercaba al río a filmarlas; a ver cómo eran, cuánto duraban; a sentir la intensidad del viento en la cara. También descubrió los diarios íntimos de su abuela y de su mamá. Con distintos estilos, las dos registraban todo. En el diario de ese año hay ocho páginas en blanco porque su mamá dejó de escribir el día que desapareció su papá. Cuando lo retomó, no escribió nada referido a su muerte. En el de su abuela encontró un registro minucioso de los días desesperados de la búsqueda.

 Sábado 20 de octubre: Verdaderamente todos creemos que lo que estamos viviendo y experimentando es una película o una pesadilla.

 Domingo 21: 2 hs della mattina. Estoy con Maia en la cocina, la tengo dormida dentro de su moisés. La cuido para que Marisa pueda dormir un rato. Ha sido una jornada agotadora. Muy cargada de emociones. ¡Dios mío! Los buscamos sin encontrarlos. Los vamos a encontrar sanos y salvos.

Lunes 22: 21 y 25 hs. Otra jornada agotadora! Fui a S. Isidro con Susy y tomé contacto con la realidad. Hablamos con el prefecto de la zona. Fuimos a un parapsicólogo. Debemos esperar hasta mañana... Incertidumbres, corridas, idas y vueltas. Señor tú tienes el timón en las manos, Tú eres padre.

Martes 23: 8 y 30 hs. Continúan buscando a Luis y Ale. ¡Por favor señor! Escucha la oración de tu pueblo y ten misericordia. Humildemente ofrezco mi vida. Si mi vida la quieres aquí o allá, en ese misterio insondable. Perdón Señor, mi arrogancia. Si soy útil, si me necesitas, aquí estoy. Estoy dispuesta. Amén.

Miércoles 24: Virgen de la Merced, tenga piedad usted. Madre del Pan. ¿Dónde están? ¿Dónde está Luis? Se renueva la búsqueda 7 y 30 hs. 15 hs. Encontraron a Luis. Encontraron a Alejandro.

Viernes 26: Mientras escribo tengo los ojos inflamados por el llanto. Te extraño Luis, todos te extrañamos. El último tiempo te noté serio y preocupado. Los exámenes, el trabajo. Me hablaste del cajón cerrado mientras ojeabas el diario. ¿Un presentimiento? ¿Un sueño premonitorio? Todos nos sentíamos tan bien con tu compañía. Sabemos que desde el cielo ayudarás a Maia y a Marisa. A todos! Nadie puede escapar a su muerte. La tuya fue blanca, brillante, inmortal!

Lo único que Maia sabía sobre su apellido era que tenía un origen árabe. Después se enteró que era palestino. Pero cuando buscó su significado, el primer resultado que le apareció en google sobre la palabra “Gattas” fue “hombre bajo el agua”.

 

Marisa Di Giambatista y Luis Andrés Gattás el 22 de septiembre de 1979.

 

 

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Inés Ulanovsky (Ciudad de Buenos Aires, 1977). Es fotógrafa, productora audiovisual y guionista. Publicó los libros Fotos tuyas y Algunas madres también se mueren. Estudió Diseño de Imagen y Sonido en la UBA y es Magister en Escritura Creativa de la UNTREF.  Trabajó en medios gráficos, radio y televisión. Ganó el “Premio Leamos” del concurso de crónica breve Basado en Hechos Reales (2019) y recibió la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes (2018).

“Las fotos” fue publicado por Paisanita Editora, Buenos Aires, 2020.

 

 

 

 

 

 

 

 

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