Soy profesor de lengua y literatura

Javier Roldán

soy profesor de lengua
y literatura
en colegios del conurbano

no tengo automóvil
y por eso mi vida se desplaza
de colectivo a tren de tren a colectivo
de espera en espera

y hay días más diáfanos que otros
en que una clara lucidez
me permite ver

por ejemplo
en la parada del colectivo
a ese nene
que aupado por su mamá
la observa fascinado
le acaricia el pelo
la besa

ella le sonríe
mirándolo bien de cerca
se pone bizca
le da muchos besos

o veo por ejemplo
a esos dos pibes
con esa delgadez fibrosa
tan propia
de la rutina laboral

esos pibes
que esperan el tren
en Los Polvorines
y conversan con el idioma
de los sordomudos
ese idioma de señas
que hace que se miren
con mucha atención
se sonrían mutuamente

el nene
la mamá
los muchachos
prescinden
del lenguaje
hablado o escrito
de su sonido engañoso
de su sentido taimado

trabajo
de profesor de lengua
y literatura
en colegios del conurbano
y a veces me siento
traicionado por las palabras


Gravedad

Te llamo por teléfono
te pregunto cómo te fue en las vacaciones.

Te llamo para decirte:
"Houston, me copia?"



Me contás

que corriste por la costanera

mirando de a ratos el mar
que fuiste a dos fiestas aburridas
que viste una película en el cine del shopping.



Te pregunto:

"Houston, me copia?"



Me hablás

de la falta de oxígeno

del cordón de asteroides de chatarra

sofisticada y tecnológica

que rodea a nuestro planeta.



Y mientras te escucho

puedo vernos

suspendidos en el infinito

en nuestros blancos trajes espaciales.



Nos veo a ambos
con un fondo de millones de estrellas

intentando reparar

la nave espacial que nos llevó hasta allí

hasta el punto exacto en el que orbitamos.



Si bien es doloroso saber imposible
el retorno de ambos a la tierra

podemos detenernos y mirar

desde afuera

desde lejos

esa esfera que fue nuestro hogar

durante todos estos años.



"Qué es lo que más te gustó de estar acá conmigo?" te pregunto.

"El silencio" decís "vos me enseñaste a disfrutar del silencio"



Y cuando estoy por responderte

que tus ojos son la superficie

en la que he visto más galaxias reflejarse

la voz metálica de Houston resuena en mi escafandra:

"Recuerden que tienen un problema"



Entonces bajo la vista

y veo que el problema es esta cuerda

que aún nos mantiene unidos
de traje espacial a traje espacial

y que se resiste a ser cortada

más allá de cometas

más allá del agua congelada en los polos de la luna.



Te digo:

"Houston, me copia?"



Y mirando a miles de kilómetros de distancia
el ganges

la muralla china

el río de la plata

me decido y llevo mi mano al gancho

que une la cuerda a mi cuerpo

y lo abro


... tus pupilas se dilatan ...



Porque quién quiere ser el primer astronauta

en perderse para siempre

solo

en el infinito del cosmos?

quién quiere quedarse

aunque sea

por unos minutos de años luz

sin interlocutor estelar?



Intento calmarte y explicarte el plan

que nos permitirá

un aterrizaje feliz y definitivo.



Pero se produce un silencio de radio

y pasados unos segundos
escucho tu voz en el teléfono
diciéndome

que estás resolviendo un problema laboral

que no podés seguir hablando

que más tarde me llamás

más a la noche

y cortás.



Me decís:
"Houston, cambio y fuera"



Y así quedo
de este lado de la línea telefónica

todavía enganchado

por esta cuerda plateada y resistente

a la que el reflejo de la aurora boreal

vuelve engañosamente tornasolada.


JAVIER ROLDÁN. Nació en el Oeste del Gran Buenos Aires, en Merlo Gómez. Trabaja como docente en colegios secundarios del conurbano. Concurre al taller del maestro Osvaldo Bossi. Lee, mira películas y series, escucha radio AM todas las mañanas como lo hacía su abuela Chicha. Hace un tiempo está de novio con un indio guaraní que omonda akue hi py´a.
Publicó el poemario La extraña dama (Alto pogo, 2015)

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