La mirada distinta de Marion

A propósito de Los traviesos, por Álvaro Pons Valencia

Cada vez que leo una nueva obra de Marion Fayone, me convenzo más y más de que es poseedora de algún sentido extra oculto a los demás. No sé si es innato o producto de algún extraño experimento secreto, pero, como Ray Milland en la película de Corman, los ojos de Marion son capaces de ver más allá de las longitudes de onda a las que estamos condenados el resto de los humanos.

Ella puede ver un mundo distinto al nuestro, donde los detalles que tanto nos aturullan a los demás se pierden por innecesarios, percibiendo las imágenes como dibujos de delicada elegancia donde un trazo mínimo es suficiente para describir lo que se ve. Pero su relato de la realidad es inesperado, está despojado de ese velo de apariencias y prejuicios que nos autoimponemos como sociedad, construyendo una descripción que atraviesa la piel para revelar los sentimientos más escondidos.

Lo seres humanos se tornan apenas finos contornos ilusorios que dejan ver pensamientos y emociones, los cuerpos son simples formas destinadas a contener una esencia de reflexión pura. Los dibujos se convierten en fotografías de una nueva realidad revelada, transformada a un lenguaje de símbolos que podamos entender aquellos que no tenemos acceso a esa sensibilidad extendida que tiene la autora. Y así, entendemos que las páginas de sus obras son proyecciones a nuestro mundo bidimensional de la rica percepción multidimensional de la que goza la autora, escrutando con ojos pasmados y maravillados todo lo que le rodea, lanzando preguntas en forma de metáforas visuales que no hacen más que despertar nuestra envidia ante lo que no podemos ver pero, también, el sonrojo ante lo que ocultamos secretamente, ante la reflexión manifiesta que nos desmonta una fachada de simulacros.

Los dibujos que va a encontrar aquí el lector son una extensión lógica de aquel particular tratado de las relaciones entre hombres y mujeres llamado L’homme en pieces. Una primera obra larga que podía gozar de la indulgencia de la supuesta bisoñez de una joven que, poco antes, terminaba sus estudios en la prestigiosa Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo, pero que desbarata cualquier preconcepción desde su primera página. Fayolle daba rienda suelta a su mirada reveladora para traducir la eterna relación entre sexos en un baile magnético. Descomponía esa danza en pequeños elementos unitarios a la manera de Muybridge, para rearmarlos después a modo de poema proyectado sobre un antiguo zoótropo, creando un movimiento extrañamente anómalo sin la máscara de los fingimientos.

El sexo se entrecruzaba con el amor, las convenciones y las hipocresías en unas páginas hipnóticas que necesariamente sugerían la reflexión del lector, pero pidiendo a gritos más protagonismo, saltar del libro a su propio espacio. Y Marion Fayolle se lo da aquí, a modo de colección de postales únicas donde la sexualidad deviene en objetivo de su mirada para descubrir que toda la simbología oculta del erotismo resulta ser prima hermana de ese conocimiento popular de gozosa literalidad. Divertidas en apariencia, martillos pilones sobre la esencia humana cuando las reflexionamos.

Pasen las páginas, disfrútenlas, gocen de una mirada que ustedes nunca tendrán.


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Marion Fayone creció en Ardèche, un departamento del sureste de Francia, ubicado en la región Ródano-Alpes. Ingresó en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo en 2006, donde se graduó en 2011. Ese mismo año publicó su primer libro de ilustraciones: L’homme en pièces bajo el sello editorial Michel Lagarde; al año siguiente: Le tableau bajo el sello Julien Magnani y recientemente apareció su diccionario ilustrado Nappe comme neige, construido con un principio simple: si las palabras comienzan con la misma letra, contienen la misma forma.

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