Deriva, de Sergio Bonzón

Por: Jorge Salas

  • Deriva001
    Bosque, 2014
  • Deriva002
    Deriva, 2015
  • Deriva003
    Deriva, 2017
  • Deriva004
    Mar II
  • Deriva005
    Deriva, objeto detalle, 2014
  • Deriva006
    Casita, 2015
  • Deriva007
    Deriva, 2017
  • Deriva008
    S/T
  • Deriva009
    S/T

Pensar una situación sin rumbo, estar en un espacio desconocido, tener pocas o nulas referencias. Descentramiento del ser en su contexto, en un espacio de duda y de decisión a la vez, eso es Deriva.

La obra de Sergio Bonzón genera pequeñas historias mediante personajes u objetos, contextualizados por algún hecho o fenómeno en el que se encuentra implicado. Objetos y pinturas intervenidas creando micromundos que replican en el espectador multiplicando el efecto debido a las propias contradicciones. Sin embargo, en este mundo de lo irreal aparecen estos paisajes en ruina, desolados, deshabitados, como si tuvieran historias que ya nadie recuerda y de repente aparece algún hecho señalando la ausencia de vida y, al mismo tiempo, dando luz al recuerdo.

Panoramas ahora vacíos convertidos en espacios fuera de toda realidad, casi al modo de no espacios, en los cuales se hubiera detenido un tiempo que sabemos inmisericorde, cuyo transitar, desesperadamente lento en ocasiones y vertiginosamente rápido en otras, ha dejado su huella en forma de derrumbes ahora apenas sostenidos por la presencia fantasmal de lo que quedó en pié.

Es en ese preciso momento, la mirada del espectador empieza a transformar la obra dotándola de sentido, al apropiarse de un relato y conflictos ajenos, generando para sí la resolución de un minúsculo trance, o en el peor de los casos se la abandona porque ese drama, esa historia hoy no tiene solución. Sólo nos queda la sinceridad, dejar caer las caretas al suelo y mostrarnos en toda nuestra desnudez sentimental y esperar acontecimientos, porque esa decisión también traerá consigo consecuencias.

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